¿Qué sería de nosotros sin Hollywood? Una reseña sobre la película de Netflix La Lavandería.
Siguiendo la línea de lo que logra The Big Short (la Gran Apuesta) con el tratamiento de la crisis Subprime, La Lavandería (Netflix 2019)
expone de un modo notable el bullado escándalo de los Panama Papers y con
eficacia didáctica, se ocupa de los vicios del sistema que lo hacen posible.
Para los que saben y para los que no, se podría decir que el
caso de los Panama Papers es el ápice el modo de funcionamiento real, práctico,
empírico e histórico de los capitalismos contemporáneos, y en específico de cómo
fue evolucionando el sistema financiero desde la segunda mitad de la segunda
mitad del siglo xx.
,Sobre
el cual, decir que no está para nada exento de vicios y mañas o imperfecciones de
mercado, como suelen denominarlo quienes se han formado economistas, es tanto
un eufemismo como una imprecisión.
Y es algo que quienes enarbolan que la educación financiera como
la cura de todos los males de una sociedad como la chilena, asolada por el
endeudamiento de un sector abundante de la población, parecen desconocer por
completo.
Claro
que para sus defensores, no se trata más que de asimetrías o barrera de
informaciones que a larga pueden ser corregidas.
Que el propio sistema financiero sea el que admite esos
vicios y que lo esperable fuere que en su mejor versión, el sistema del derecho debiera corregir esas
imperfecciones de mercado, es algo apenas “teórico”, menos que una expresión de
buenas intenciones, pues la realidad es
que no hay tal cosa como un derecho internacional que las corrija y las
sanciones que se han obtenido, lejos de sentar las bases de una jurisprudencia
o una posición de condena internacional unánime, han sido producto de un
pronunciamiento puntual en torno a algún error u omisión en la desregulación de
algún país, el descuido de alguna
compañía, la astucia excepcional de alguna policía, o la filtración de
información que casi por azar o magia, permitió que tal o cual acción de tal o
cual compañía, específica, fuese sancionada y de paso los colaboradores
vinculados a ella.
Esto significa que las sanciones aplicadas no se han fundado todavía en la circunstancia que cierta imperfección de mercado esté siendo corregida por la ley, sino que únicamente la comisión de tal o cual error u omisión han permitido que se exponga estas supuestas imperfecciones del sistema, a través de la sanción o el encarcelamiento fugaz, (mossack y Fonseca se detuvieron apenas 3 meses en la cárcel) de delitos como el fraude.
Imperfecciones de mercado de tal envergadura que hacen posible que el sistema tenga vicios tan abominablemente reñidos con la ética y la noción más alta de “justicia”. Imperfecciones de mercado que hacen perfectamente posible que exista la diferencia entre evasión y elusión fiscal, y que sea legítima, o que se puedan crear empresas fantasmas sin ser descubiertas, incluso cuando es ilegal.
Es decir, el sistema no crea incentivos para que esa conducta no suceda. O no desincentiva su ocurrencia, (que es lo mismo pero en negativo) sino todo lo contrario: hace que incluso sea más atractiva la acumulación de riquezas exorbitantes (e innecesarias podría agregar) y se limita únicamente de cuando en vez, a tranquilizar al público al metiendo presos por un par de meses a un grupo de abogados.
El modo como está diseñado el sistema, las propias premisas desde las cuales parte y sobre las que opera, son la mismísima razón por la que estos delitos ocurren. Constituyen su naturaleza y no su excepción.
Y justamente es esto lo que se establece tan diáfano en la película.
Pero aquí es que me asaltan unas interrogantes, ¿Desde cuándo la industria de Hollywood, (Netflix también puede considerarse como parte de la industria) es la que nos alerta a nivel masivo de estas cuestiones, en la forma que uno esperaría que lo hiciera la prensa y los medios de comunicación? ¿Es que, en esta vuelta de la historia, Hollywood es la instancia que está cumpliendo la función crítica que debiera cumplir el arte, por mucho que esté en el seno de la cultura del entretenimiento, de las estrellas y todo lo evanescente, como solía atribuírsele? ¿Acaso sus rendimientos no debieran ser considerados como verdadero arte sino como un mero producto cultural?
Las respuestas a estas preguntas pueden formularse como hipótesis
A.
En Hollywood son todos se han vuelto comunistas.
B. En Hollywood ha surgido una nueva generación de
genios (artistas/filósofos como decía Nietzche) que son capaces de alcanzar
unos análisis y reflexiones capaces de ver más allá que todos esos mortales,
¿la mayoría?, que todavía no caen en la
cuenta de lo pernicioso del capitalismo, y en particular del crecimiento
desregulado de la industria financiera y la especulación, cuyos rendimientos difícilmente
se corrijan con “educación financiera”.
C. Sencillamente la cosa es tan innegablemente evidente
que hasta puede ser contada por un director de Hollywood en una ficción menor.
Aunque para ser justos, La Lavandería en ningún caso es una ficción menor. Basada en el libro “los secretos” la película es una poderosa arma de comunicación, que se utiliza a si misma como el mejor recurso pedagógico.
Sus aciertos son muchos. No sólo utiliza la clave de
comedia, sino también tiene un estilo pedagógico ejemplar. Mejor aún, tiene didáctica.
Usa la comedia como didáctica, del mismo modo que la mejor versión del teatro
clásico. A través de la comedia y el recurso de ejemplaridad pone en una clave
elemental y sencilla, y de ese modo irrefutable, los postulados de la película del
mismo modo como Hamlet utiliza la representación juglaresca parar exponer a su
audiencia el asesinato de su padre, de modo que cualquiera lo pudieran entender,
sin lugar a dudas ni excepciones.
Luego, está el señalar aisladamente los “secretos” en los que se basa la historia, cada secreto vendría a ser un capítulo. Así más que contar una de la historia de hechos cronológicos, la lavandería expone los supuestos ético/filosóficos del sistema y a la vez las consecuencias éticas de su funcionamiento. Es decir, la estructura narrativa está al servicio no de la historia propiamente tal sino de una idea, una argumentación de modo análogo como cuando hacemos al escribir un ensayo o una monografía y desarrollamos los axiomas que fundamentan nuestro punto.
Pero incluso antes que la exposición de los secretos, está
la magistral introducción. En ella se implica como pista, la propia existencia
del dinero y a modo de premisa o prolegómenos, como sus derivaciones
financieras contemporáneas están diseñadas únicamente para beneficios de los
muy ricos. Dos motos usados por los personajes de Mosack y Fonseca lo ilustran
a la perfección,” usted debe saber si lo que hacemos es para usted”, y “la
administración de la riqueza que usted necesita”.
Y que mientras todo esto pasa, que tampoco es ningún secreto, los medios de comunicación, la prensa hacen la vista gorda. Es decir o no lo ve, o si lo ve no le interesa tal vez porque como decía el personaje de Steve carrel en the big short, “claro que soy un tipo amargado porque está todo fregado allá afuera, todos están siendo estafados y la gente anda por la calle como si esto fuera un video de Enya”.
En relación a lo exclusivamente cinematográfico también es impecable. Incluso esas maquetas apretujadas y grotescas intencionadamente. Y qué decir a nivel actoral y de caracterización. Gary Oldman es un cinico sublime que tiene la osadía de citar de Borges, (!) y no se puede sino amar e identificarse con el personaje de Meryl streep. Y bueno, hasta Banderas hace lo suyo. Sin duda estos perfomers son mucho más que meros entertainers
Otro valor de la arquitectura narrativa utilizada, es que la ficción es contada de tal manera que el final histórico es también el final deseable para la heroína y cómo logra la reparación del daño. Y de ese modo, el conflicto irresuelto en lo real se resuelve en la ficción a favor de la justicia, y se instala así en lo posible. La tematización de la fuga utópica, que aquí es la justicia, abre su posibilidad en lo real, si no como un futuro como una imaginación de lo posible.
Y si comprendemos la función y el modo de los símbolos,
sabemos que no es menor, que se trata de eficacia simbólica. Pues si en la ficción se resuelve a nuestro
favor, aquello no es simplemente liberador sino constituye la esencia misma de
la imaginación utópica y el corrimiento de los límites de lo posible. Y ahí nos
volvemos a inscribir en una teoría critica, en la medida que le conferimos al
lenguaje y al arte su dimensión transformadora. Lo mismo que los sueños cuando
resuelven en el inconsciente las contradicciones de lo real.
Y funciona doblemente pues no es solamente el triunfo de la heroína, sino también es la transición desde la indefensión o la mansedumbre inicial, hacia el agenciamiento y la consecución de la justicia y el restablecimiento del equilibrio entre las fuerzas, que de acuerdo al postulado de la película somos todos, cualquier ciudadano a pie de cualquier nación con una industria financiera relativamente desarrollada.
De esta manera, áridos o no, los
axiomas de esta película quedan establecidos límpidamente sin por eso ceder en
la también noble tarea de la mejor entretención. Contenidos claramente
informativos y hasta críticos, pero en clave de entretención, son claramente
posibles sin la mediación de grandes presupuestos o súper producción, sino levantados desde la estructura de un buen
guión y una historia imprescindible. Como hace poco leí a Woody Allen y Werner Herzog,
decir.
Eso para los que históricamente se han opuesto a producir contenidos educativos en la televisión abierta, sobre todo en ficción, como si se tratara de un coloso impensable o del rigor más feroz, arguyendo sin más la desvencijada frase: “Esto no es teleduc”. Acá un ejemplo que resuelve de manera contundente, el dilema del contenido educativo pero con entretención, argüido y presentado como dilema con tanta frecuencia en la televisión chilena.
Entonces la respuesta es que sí, que efectivamente estamos ante un inteligente ejercicio pedagógico que recuerda a las expresiones más nobles del teatro clásico y de la antigüedad (Shakespeare, Moliere, incluso la misma Grecia), y en ese sentido resitúan a hollywood en la función primaria del teatro en su sentido clásico, su sentido más alto.
Entonces cabe ensalzar, destacar (¿agradecer?) a Hollywood, al menos reconocerle el cumplimiento de , si bien no una función critica en un sentido foucultiano, si la función que en el período clásico de moliere y en su origen en la Grecia cumplía el teatro.
Y para ser justos, lo cierto que estos logros no son exclusivos de esta película, como se dijo antes. Hay casi todo un género que explora este camino, producciones aunque no la más taquilleras, para nada alejadas de la industria. Y parece que este camino se transita más y más. Un símil de la comedia romántica, pero donde el horizonte deseado no es el príncipe azul ni el amor ideal sino la idea de justicia.
Otras películas que resuelven a nivel de ficción una
contradicción de la realidad:
Michael Clayton.
Un robo en las alturas (Tower heist).
La gran apuesta (The big short)