NO al devenir Drag king
"Es extraño lo que puede provocar en un hombre el hecho de ver a un verdadero animal sexual delante de él. La naturaleza animal de las mujeres ha sido cuidadosamente escondida: los labios, el culo, han servido a otros propósitos, como un plumaje colorido, han distraído al hombre de su deseo en vez de acentuarlo.Las mujeres que son irremediablemente sexuales, con el vientre escrito en sus caras, aquellas que arrastran el deseo de un hombre hasta hacer volar su pene hacia ellas inmediatamente; las mujeres cuyas ropas no tienen más sentido que volver promimentes ciertas artes del cuerpo, las mujeres que arrojan su sexo hacia nosotros, con el cabello, los ojos, la nariz, la boca, el cuerpo entero, esas son las mujeres que amo.Las otras...Cómo haces para encontrar en ellas el animal. Lo diluyeron, lo ocultaron, lo perfumaron para que huela como otra cosa, como qué, cómo ángeles ”
El drag revela la expresión de género como artificio, plantea a la masculinidad como a la feminidad como un rol teatral con disfraz, maquillaje, atributos, gestos y actitudes "codigadas", que se pueden adoptar y dejar de un día al otro. Es un acto político y individual muy potente, que pretende deconstruir binomios, hábitos y límites de género impuestos por la sociedad.
Sin embargo, la corporalidad remite a una materialidad, entonces la sexualidad también está circunscrita en un cuerpo. Y en tanto la corporalidad remite a una materialidad, no se puede tratar de un asunto puramente político.
La dimensión material del cuerpo implica que los constructos que para otros son considerados artificiales tengan al menos una remisión a lo fáctico, lo objetual, al fenómeno y no solamente a lo fenomenológico.
El devenir Drag king, que se pretende como subversión a la construcción biopolítica del género es todavía una subversión frente a lo objetual. Y en ese sentido puede ser considerada como una pretensión idealizante, al intentar "deconstructivizar" el fenómeno, lo sexual y dentro de lo sexual, lo femenino y despojarlo resituarlo desencajarlo desplazarlo de su dimensión material.
Incluso exponer la corporalidad aludida como una mera dimensión, remite a la yugo que oprime al cuerpo. A la supremacía del discurso. El cuerpo como fenómeno, la sexualidad, opera en dominios extralinguísticos. El cuerpo es discurso no tanto en cuanto sea discursivo sino como objeto sensual que opera de ese modo natural.
Diferente trato quizás pueda realizarse con el concepto género.
El drag revela la expresión de género como artificio, plantea a la masculinidad como a la feminidad como un rol teatral con disfraz, maquillaje, atributos, gestos y actitudes "codigadas", que se pueden adoptar y dejar de un día al otro. Es un acto político y individual muy potente, que pretende deconstruir binomios, hábitos y límites de género impuestos por la sociedad.
Sin embargo, la corporalidad remite a una materialidad, entonces la sexualidad también está circunscrita en un cuerpo. Y en tanto la corporalidad remite a una materialidad, no se puede tratar de un asunto puramente político.
La dimensión material del cuerpo implica que los constructos que para otros son considerados artificiales tengan al menos una remisión a lo fáctico, lo objetual, al fenómeno y no solamente a lo fenomenológico.
El devenir Drag king, que se pretende como subversión a la construcción biopolítica del género es todavía una subversión frente a lo objetual. Y en ese sentido puede ser considerada como una pretensión idealizante, al intentar "deconstructivizar" el fenómeno, lo sexual y dentro de lo sexual, lo femenino y despojarlo resituarlo desencajarlo desplazarlo de su dimensión material.
Incluso exponer la corporalidad aludida como una mera dimensión, remite a la yugo que oprime al cuerpo. A la supremacía del discurso. El cuerpo como fenómeno, la sexualidad, opera en dominios extralinguísticos. El cuerpo es discurso no tanto en cuanto sea discursivo sino como objeto sensual que opera de ese modo natural.
Diferente trato quizás pueda realizarse con el concepto género.